Problemas de los smartphones y del mundo digital

La consultora británica Tecmark sostiene que usamos el teléfono móvil una media de 221 veces al día. “Constantemente”, corrigen unos estudiantes de entre 18 y 21 años. Es la tecnología que más se utiliza, corroboraba el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de marzo; y es la preferida para conectarse en el mundo digital (por el 88,3% de usuarios de internet), según la Fundación Telefónica.

Porque el móvil de hoy es multifuncional: sirve como alarma matinal, reloj, agenda, calculadora, navegador y para ver el tiempo; para escuchar música, la radio y leer prensa; para la mensajería WhatsApp y similares y para conectarse en Internet y en redes sociales como Instagram, Facebook, Snapchat, Twitter y otras; para #ver una serie televisiva, podcasts y hacer y ver fotos y vídeos; para escoger restaurante, comprar, vender, realizar mil gestiones on line…

Beneficios y perjuicios del smartphone

El móvil facilita multitud de tareas, sí. Muchos destacan que los hace más productivos y más felices (79% y 77% en una encuesta del Pew Center de los EE.UU.) pero en menos de 10 años ha pasado a ser una extensión de nuestro cuerpo y de nuestra identidad y está modificando ambas cosas, alertan los expertos.

Aumentan los accidentes

Los efectos van más allá del usuario. Algunas ciudades se plantean medidas urbanísticas, porque andar muchas personas mirando su pantalla (el 47% de los peatones lo hace, analizó el Real Automóvil Club de Cataluña) ha favorecido un aumento de accidentes. Igual pasa con el tránsito: el móvil ha sustituido al alcohol como primer motivo de muerto al volante entre los jóvenes norteamericanos, y las autoridades españolas lo consideran uno de los principales motivos de distracción, que es la primera causa de accidentes.

Más atención que a los hijos

Entre el boom de ensayos, figura el último de Sherry Turkle, profesora de Ciencias Sociales y Tecnología al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que ha estudiado el impacto en las relaciones personales -en otro libro defendía que ya no sabemos estar sólo- . El que le resultó más “penetrante” en la investigación hecha para su libro Reclaiming Conversation (Reivindicando la conversación, que en otoño publicará en castellano) fue “que niños y adolescentes digan que nunca han dado un paseo con su padre o madre sin que estos estén sin teléfono; literalmente, sienten que nunca tienen la plena atención de sus padres “, explica por correo electrónico. Cree que el tiempo que pasamos con el móvil “lo robamos del dedicado a los otros, puesto que lo traemos encima a todas horas y en todas partes”.

En el barómetro del CIS, la mayoría de los preguntados (44%) apunta que el móvil es la tecnología que más ha cambiado la vida de su familia (sólo el 7,7% cita la televisión). Entre otros aspectos, un 67,9% piensa que ha reducido la comunicación entre padres e hijos, y el 51,5%, que aumenta el conflicto familiar. Hay terapeutas norteamericanos que dicen que los llegan familias que buscan ayuda para “volver a conectar”.

Interfiere en la pareja

Muchas relaciones amorosas también empiezan y acaban por el móvil, que está siempre presente. Facilita comunicarse, pero también controlar más a la pareja.

“Yo, si estoy con mi novio y él está todo el rato con el móvil en lugar de prestarme atención, se lo echo por la ventana”, proclama Llúcia, de un grupo de estudiantes de bachillerato artístico. Sus compañeros ríen: admiten que muchas veces están con la pareja o entre amigos y con el móvil.

Un 40% menos de empatía

Turkle advierte que el móvil resta intimidad y empatía a la relación humana. En una consulta del Pew Center, el 89% de las personas dijo que usó su teléfono durante su última reunión social, y el 82% reconoció que la conversación se resintió. “Se ha demostrado que si dos personas quedan y hay un teléfono a la mesa, la charla gira en torno a temas menos importantes, y estas personas sienten menor conexión entre si”, explica la psicóloga social del MIT.

“Cuando nos volvemos hacia el móvil en lugar de hacia la otra persona, se pierden empatía e intimidad. En los últimos 20 años -subraya-, se ha constatado una disminución del 40% de la empatía entre estudiantes universitarios en todas las maneras que conocemos de medirla.

¿Espontáneos y auténticos?

Nos resulta cada vez más difícil mantener una conversación espontánea cómo son las frente a frente. “La gente busca evitarla usando el móvil para no sentirse vulnerable”, dice Turkle. Pone como ejemplo a padres e hijos que discuten por WhatsApp y similares para tener las emociones bajo control. “Nos atrae la conversación on line -explica- porque podemos prepararnos, puesto que tememos imperfecciones en la presentación. Nos reafirmamos si podemos escondernos después de una autopresentació”.

Creado para enganchar

Estamos enganchados al móvil, dice Eyal. En su libro explica por qué: servicios y apps están diseñados para captar la atención el máximo tiempo. Eyal es de la escuela de B.J. Fogg, guru de la tecnología persuasiva, que estudia a su laboratorio de la Universidad de Stanford (California) los comportamientos y como influir en ellos. Su fórmula para captar la atención es motivación (se tiene que ofrecer algo que la gente quiera). Los fabricantes de móviles tienen psicólogos y antropólogos que recorren el mundo observando comportamientos para ir evolucionando el producto.

¿Adicción?

Ante este panorama, parece una lucha contra titánes plantear limitar las horas con el móvil o como evitar la adicción. Sin embargo, Manuel Armayones, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya que acaba de publicar ‘El efecto teléfono inteligente’, conectar con sentido, señala: “Todo depende del que uno haga en el mundo digital”. “El sentido común dice que se hace un mal uso del móvil cuando causa problemas a la persona, perjudica su relación de pareja o familiar o su sueño, su trabajo o los buenos resultados académicos. El importante es ser conscientes de cuando se da este daño “, destaca.

Entre padres e hijos “hay que hacerse a la idea que el negociar fue constante: cuando ya habíais pactado el uso de Instagram (qué horas, qué es admisible compartir …), se ponen de moda Periscope y sus vídeos” .

Ansiosos y saturados

Está claro que tres de cada cuatro jóvenes de 18 a 24 años, el primero que hacen al despertar es consultar el móvil, según un sondeo norteamericano. Los anglosajones hablan, como fuente de ansiedad, de la FOMO (fear of missing out), el miedo a perder algo si no se mira el móvil. Armayones habla en su libro de “psicopaTIClogías” como el miedo a olvidar el móvil (nomofòbia) o la ansiedad que genera la trilogía batería, cobertura y saldo.

“No son equiparables enfermedades mentales graves, pero nos estresan y generan ansiedad”, dice. La receta de Armayones es: “Haga amigos, practique deporte, cultive alguna afición fuera de las pantallas”.

Distraídos, pero con memoria

Algunos estudios señalan que el mundo digital cambia la memoria (el llamado efecto Google), otros, que no la atrofia. Incluso algún defensa que la desarrolla, e idéntico debate existe alrededor del pensamiento analítico. “En la sociedad actual se maneja más información que nunca, y usamos la memoria del móvil o la nube como una extensión de la nuestra, por almacenamiento, pero en el cerebro seguimos guardando la importante o irremplazable para nosotros”, opina Armayones.

La flexible intimidad

Los padres norteamericanos cuelgan on line unas 1.000 imágenes de cada hijo antes de que cumplan los cinco años, explicaba recientemente la revista Time. “Se llama que los niños y jóvenes de hoy son narcisistas, pero es que quizás aprenden exhibicionismo de los padres”, indicaba el artículo.

“La tecnología es maravillosa, lo que se puede cuestionar es el uso que se haga de ella”, concluye Armayones.

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